Un error cotidiano en la construcción de naves industriales es intentar estimar el metraje a partir del cálculo o comparando con el tamaño de plantas de otras compañías. Ese enfoque casi siempre termina mal: o se construye un espacio insuficiente que obliga a ampliaciones tempranas, o se paga por áreas que nunca se usan. La forma correcta de tomar esta decisión debe ser técnica y parte del proceso productivo, no del terreno disponible.
En una nave industrial, los metros cuadrados se definen desde el proceso. Primero se analiza qué se va a hacer dentro de la infraestructura, cómo se moverá el personal, cómo ingresan y salen los insumos, qué equipos habrá, qué almacenamiento se necesita y qué densidad de flujo interno existirá. Es decir, primero se define lo que la empresa hace, luego se construye el layout y recién después se convierte esa información en metraje.

El cálculo práctico parte de una base muy clara: el área total de una nave debe considerar cinco tipos de espacio:
Es muy importante la adecuación de estas áreas porque sólo el área de circulación puede representar entre el 18% y el 25% del total, dependiendo del tipo de operación y nivel de tráfico interno. Hay naves que parecen grandes pero están mal distribuidas y no funcionan bien por una pérdida en circulación que genera cuellos de botella.
Otra herramienta útil para validar la estimación es la densidad de ocupación operativa. Aunque cada sector industrial tiene parámetros propios, es habitual considerar que operaciones ligeras de servicio o ensamble requieren menos espacio por persona, mientras que operaciones metalmecánicas, manufactura pesada o almacenamiento palletizado requieren mucho más. Esto no reemplaza el diseño de layout, pero sirve como referencia para ver si el número total de superficie está dentro de lo razonable.

Además, no se debe olvidar que dos naves con el mismo metraje pueden tener rendimientos completamente distintos dependiendo de la altura útil. Una nave de 2,000 m² a 6 metros puede quedar corta muy rápido, mientras que una nave de 2,000 m² a 10 metros con racks industriales permite multiplicar la capacidad sin aumentar footprint. Por eso, es importante evaluar metros cúbicos útiles, no únicamente superficie.
La regla fundamental es esta: antes de definir metros cuadrados, se necesita tener claro el proceso, las máquinas, el flujo logístico interno y un pre–layout funcional. Solo cuando esos cuatro elementos están definidos, el metraje surge de manera lógica. Cuando los metros se definen sin proceso, se construye para “lo que se cree” en lugar de construirse para “lo que se necesita”.
En base a estas ideas el tamaño de una nave industrial no se obtiene preguntando “¿de cuántos metros debe ser?”, sino “¿qué operaciones debe soportar y qué rendimiento esperamos obtener?”. Una planta bien dimensionada se diseña desde la función.
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